Dietas détox: por qué no funcionan y qué riesgos tienen según la ciencia

Dietas détox: por qué no funcionan y qué riesgos tienen según la ciencia

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Tras los excesos navideños, muchas personas recurren a las dietas détox con la esperanza de “reiniciar” su organismo. Sin embargo, estas estrategias extremas pueden desencadenar desequilibrios metabólicos, pérdida de masa muscular y riesgos para personas con patologías previas. La evidencia apunta a que un abordaje gradual, supervisado y personalizado es la alternativa más segura y eficaz.

Dietas détox: por qué su concepto es erróneo

Aunque suelen promocionarse como una forma de depurar o desintoxicar el cuerpo, las dietas détox parten de una idea equivocada. Nuestro organismo ya cuenta con un sistema de detoxificación altamente eficiente compuesto por el hígado, los riñones y el intestino. Estos órganos son los responsables de eliminar toxinas y mantener el equilibrio interno.

Ningún zumo, batido ni ayuno extremo puede mejorar de manera artificial esta función. Por el contrario, este tipo de prácticas pueden someter al cuerpo a un estrés metabólico considerable, especialmente cuando implican restricciones bruscas.

Consecuencias metabólicas y fisiológicas de las dietas détox

Cuando el organismo recibe una ingesta calórica muy baja o insuficiente, activa un mecanismo de protección que reduce el gasto energético. Esto significa que, cuando se vuelve a comer con normalidad, es más probable recuperar el peso perdido rápidamente e incluso superar el peso inicial. Es el conocido efecto rebote. Además, las dietas détox pueden generar distintos desequilibrios: 

  • Mareos
  • Hipogluecemias
  • Fatiga intensa

El cuerpo entra en modo ahorro, ralentizando el metabolismo y aumentando la sensación de agotamiento.
 

Alteraciones hidroelectrolíticas

Los ayunos prolongados o las ingestas muy limitadas afectan al equilibrio de minerales esenciales como sodio y potasio. Esto puede desencadenar:
 
  • Calambres
  • Arritmias
  • Descompensaciones graves en personas vulnerables

Pérdida de masa muscular

Al ser dietas pobres en proteínas, el cuerpo utiliza el músculo como fuente alternativa de energía, lo que implica:
 
  • Menor fuerza
  • Disminución del metabolismo basal
  • Mayor riesgo de efecto rebote

Riesgos aumentados en personas con patologías previas

Quienes padecen diabetes, enfermedades cardiovasculares o alteraciones hormonales pueden sufrir agravamiento de sus síntomas. Un simple ayuno puede desestabilizar la tensión arterial, los niveles de glucosa o la frecuencia cardíaca.

Qué sí funciona: un enfoque gradual y supervisado

Los especialistas en Endocrinología y Nutrición coinciden en una clave fundamental: progresividad, personalización y supervisión profesional.

Un plan seguro y eficaz para recuperar hábitos saludables debe incluir:

 
  • Reintroducción ordenada de alimentos nutritivos
  • Prioridad a verduras, frutas bien toleradas, proteínas magras y grasas saludables
  • Control de raciones y horarios
  • Incremento progresivo de la actividad física, especialmente la que favorece el aumento de masa muscular
  • Hidratación adecuada y descanso de calidad

Este enfoque no solo evita riesgos, sino que mejora la adherencia y promueve cambios sostenibles en el tiempo.

Nuevos tratamientos farmacológicos: el papel de los agonistas GLP‑1

En los últimos años, los tratamientos basados en agonistas GLP‑1 han revolucionado el manejo de la obesidad, y su importancia seguirá creciendo en 2026. Destacan especialmente las nuevas formulaciones orales diarias, que ofrecen una eficacia comparable a las inyecciones y mejoran notablemente la accesibilidad y la adherencia.

Además, las combinaciones hormonales avanzadas ya logran reducciones de peso superiores al 21%, y para finales de año se espera la llegada de terapias triples basadas en péptidos que podrían alcanzar pérdidas de peso nunca vistas.

Conclusión

Las dietas détox no desintoxican el organismo ni son una vía segura para perder peso. Por el contrario, pueden generar desequilibrios peligrosos y perpetuar el ciclo de dieta‑rebote. La evidencia científica respalda estrategias graduales, personalizadas y supervisadas, complementadas con avances terapéuticos que marcarán un antes y un después en el tratamiento de la obesidad.

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