- El Dr. Fernando Corbí, traumatólogo del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre, advierte de que el incremento brusco de la carga de entrenamiento, una biomecánica de carrera inadecuada o un déficit de fuerza y control muscular pueden aumentar el riesgo de lesión
El running continúa siendo una de las actividades deportivas más practicadas por sus beneficios para la salud y su facilidad de acceso. Sin embargo, comenzar a correr sin una preparación física adecuada o incrementar de forma demasiado rápida la intensidad, el volumen o la frecuencia de los entrenamientos puede favorecer la aparición de lesiones por sobrecarga. Entre ellas, las que afectan a la cadera ocupan un lugar importante debido al papel fundamental que desempeña esta articulación durante la carrera.
Según explica el Dr. Fernando Corbí, traumatólogo del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre, “la cadera está diseñada para soportar importantes cargas y movimientos repetitivos. No obstante, los problemas aparecen cuando la capacidad de adaptación de músculos, tendones, huesos y articulaciones se ve superada por las exigencias del entrenamiento. Esta situación suele relacionarse con déficits de fuerza muscular, alteraciones biomecánicas o incrementos excesivamente rápidos de la carga de trabajo”.
La articulación de la cadera es clave para la absorción y transmisión de fuerzas, así como para proporcionar estabilidad y generar la propulsión necesaria durante la carrera. “El dolor puede manifestarse en distintas zonas, como la ingle, la parte lateral de la cadera o la región glútea. La localización de las molestias constituye una valiosa pista diagnóstica para identificar qué estructura puede estar afectada.”, comenta el profesional.
Lesiones frecuentes por sobreuso
Entre las lesiones más habituales derivadas del sobreuso destacan las tendinopatías glúteas y el síndrome de dolor trocantérico, las lesiones musculares, la sobrecarga de los flexores de la cadera, especialmente del músculo iliopsoas, y determinadas lesiones de la musculatura aductora. “Además, algunos corredores pueden desarrollar patologías intraarticulares, como el conflicto femoroacetabular o las lesiones del labrum acetabular, especialmente cuando existen características anatómicas predisponentes”, agrega Corbí.
El especialista subraya “la importancia de no considerar automáticamente cualquier dolor de cadera como una simple sobrecarga muscular”. La evolución del dolor, las actividades que lo desencadenan y la zona exacta donde aparece son factores que ayudan a diferenciar entre una lesión muscular o tendinosa y un problema originado dentro de la propia articulación.
Aunque son menos frecuentes, las lesiones por estrés óseo también deben tenerse muy presentes. Entre ellas destacan las fracturas por estrés del cuello femoral, que requieren atención médica temprana. “Estas suelen manifestarse inicialmente como un dolor progresivo en la ingle o la cadera durante la carrera y, si evolucionan, pueden provocar molestias al caminar e incluso en reposo. Los cambios bruscos en los entrenamientos, una recuperación insuficiente, déficits de fuerza, alteraciones biomecánicas o antecedentes de lesiones aumentan el riesgo de sufrir este tipo de problemas”, afirma el profesional.
Para prevenir las lesiones, se recomienda complementar la práctica del running con programas de fortalecimiento muscular, movilidad y control neuromuscular. El Dr. Corbí destaca que “uno de los errores más comunes entre los corredores es pensar que para mejorar únicamente es necesario acumular kilómetros”. El entrenamiento de fuerza resulta esencial para fortalecer la musculatura glútea, el tronco y las extremidades inferiores, mejorando así el control de la pelvis, la estabilidad y la capacidad de los tejidos para soportar cargas repetidas.
Asimismo, la planificación del entrenamiento debe ser progresiva e individualizada. “Más que buscar una técnica de carrera universalmente perfecta, -agrega el doctor Corbí-, es importante analizar las características biomecánicas de cada corredor. Factores como una movilidad limitada, la falta de fuerza o problemas de control lumbopélvico pueden alterar la distribución de las cargas y favorecer la aparición de dolor”.
El especialista aconseja acudir a consulta cuando las molestias persisten pese a reducir la actividad deportiva, reaparecen de forma recurrente, limitan las actividades cotidianas o provocan una pérdida importante de movilidad. También deben considerarse señales de alarma el dolor intenso o progresivo en la ingle, las molestias al caminar o en reposo y la dificultad para apoyar la pierna afectada.
Casi siempre, el tratamiento es conservador y consiste en adaptar temporalmente la carga de entrenamiento, corregir los factores desencadenantes y seguir un programa específico de fisioterapia y fortalecimiento. “Cuando los síntomas persisten, pueden valorarse otras alternativas terapéuticas, como determinados tratamientos farmacológicos, infiltraciones ecoguiadas o, en casos seleccionados de patologías intraarticulares, cirugía mediante artroscopia. No obstante, el objetivo principal siempre debe ser realizar un diagnóstico preciso para tratar la causa concreta del dolor y evitar tanto tratamientos insuficientes como procedimientos innecesarios”, concluye el profesional
Cabe destacar que los hospitales Vithas en Valencia colaboran en la Media Maratón y la Maratón de Valencia. Ello se enmarca en el compromiso de los hospitales Vithas Valencia Turia, Vithas Valencia 9 de Octubre y Vithas Valencia Consuelo con la prevención y la promoción de la salud, así como con la cultura del esfuerzo





