La radiación ultravioleta es el principal responsable del envejecimiento cutáneo prematuro y del desarrollo de cáncer de piel
La radiación ultravioleta es el principal responsable del envejecimiento cutáneo prematuro y del desarrollo de cáncer de piel. Su efecto es acumulativo. Esto significa que la exposición diaria, aunque no estemos en la playa, suma daño con el tiempo. Actividades cotidianas como caminar, hacer deporte al aire libre o simplemente la exposición incidental justifican el uso de la fotoprotección durante todo el año. Y aunque cada caso es individual dependiendo del lugar donde se vive, y del estilo de vida de cada uno, sí que es más que recomendable.
Cuidados para la piel en invierno respecto al sol
En la rutina diaria invierno suele ser suficiente aplicar el fotoprotector por la mañana en las zonas expuestas. Sólo es necesario reaplicar el fotoprotector en caso de realizar actividades al aire libre o en exposición solar prolongada.
También es muy recomendable mantener una buena hidratación de la piel. Esto se debe a que factores como el viento, el frío o los cambios de temperatura pueden favorecer la sequedad cutánea. Y no olvidar el uso de limpiadores suaves, así como evitar la utilización excesiva de jabones agresivos.
¿Es necesaria la protección solar, cómo y cuándo?
La protección solar, en general, debe mantenerse durante todo el año, ser constantes. Se recomienda un fotoprotector de amplio espectro, frente a radiación UVB y UVA, con un SPF 50, especialmente en zonas fotoexpuestas como cara, cuello y manos. En verano, cuando la exposición es más intensa y prolongada, hay que plantearse medidas extras. Entre las mismas se encuentra reaplicar con mayor frecuencia el fotoprotector o evitar la exposición solar prolongada, especialmente entre las 10:00 y 17:00 horas También hay que usar protección solar diaria (mínimo con factor de protección 50), especialmente si hay exposición solar directa; así como sombreros, gafas de sol y ropa que cubra la piel y no usar cabinas de bronceado.
También debe tenerse en cuenta que no todas las pieles son iguales ante el sol. Tener piel clara, ojos claros y cabello rubio o pelirrojo, antecedentes personales o familiares de cáncer de piel, exposición solar intensa o quemaduras en la infancia, tener muchos lunares o lunares atípicos, edad avanzada o consumir inmunosupresores son algunos factores de riesgo que aconsejan mayor control médico. Lo mismo sucede con pacientes con enfermedades dermatológicas, inmunodeprimidos o con antecedentes de cáncer de piel.
De hecho, la piel tiene memoria y las quemaduras solares en la infancia aumentan significativamente el riesgo de desarrollar cáncer de piel en la edad adulta, especialmente melanoma.


