Hablar, cantar, expresar un ‘te quiero’ o debatir un argumento. La comunicación y relación con los demás a través del habla, el lenguaje y la voz es fundamental. Aunque a menudo lo damos por hecho y, como con tantas otras cosas, no lo extrañamos hasta que nos falta.
Pero tener ronquera, acabar el día sin voz, carraspear de continuo o padecer dolores de garganta o tensión en el cuello pueden ser síntomas de que necesitas un logopeda.
Los logopedas somos profesionales que tratamos los trastornos del habla (la comunicación), el lenguaje (la expresión, lectura o escritura) y la voz. Es decir, podemos mejorar las dificultades comunicativas y algunos trastornos como la tartamudez, o disfemia.
También trabajamos con pacientes que, por un ictus o un traumatismo, han perdido su lenguaje a nivel de cerebro. Si la lesión no es muy grande, y mientras se recuperan de ella, con un tratamiento paralelo de logopedia, logran recuperar el 100% del habla.
Lo mismo se aplica para otras situaciones. Por ejemplo, una persona con nódulos recientes o que, sin llegar a tener lesión, sí presenta síntomas de fatiga vocal. O un niño que no pronuncia la ‘r’ o la ‘s’.
Otro caso aparte es la dislexia, o afasia grave, que es para siempre, pero los logopedas damos herramientas que ayudan al paciente a manejarla durante toda su vida.
Lo que está claro es que la Logopedia no es cosa de niños. O no solo. Porque cada vez son más los adultos que, sin necesidad de pasar antes por el médico, toman la iniciativa de acudir voluntariamente al logopeda. Profesorado, banqueros, locutores o profesionales que trabajan de cara al público, entre otros.
Hay quien acude con el problema ya en auge y quien lo hace para prevenir.
Gente que quiere sacarse más partido, que desea tener una dicción más correcta, o que sus interlocutores le entiendan mejor. Personas que tartamudean al hablar o al leer. Integrantes de un coro que no llegan bien a las notas porque carecen de buena técnica vocal, pacientes que no tragan porque la posición de la lengua no es la correcta…
Todo estos son aspectos que los logopedas podemos trabajar y, en la medida de lo posible, solucionar.
Eso sí, la duración del tratamiento dependerá de la lesión o patología en cuestión y, sobre todo, de lo que el paciente se esfuerce en casa. Para ver resultados, la motivación, interés y dedicación no pueden faltar.



