Mi hijo tiene la cabeza aplanada. ¿Debo preocuparme?

Mi hijo tiene la cabeza aplanada. ¿Debo preocuparme?

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La plagiocefalia posicional significa que tu bebé no tiene la cabeza redondeada. En su lugar, presenta un aplanamiento de una zona del cráneo, a la derecha o a la izquierda. Resulta llamativo, y a los padres primerizos les inquieta mucho. Pero, en general, preocupa sin motivo: no afecta al desarrollo cerebral y, si se actúa antes del año, puede revertirse.

Esta alteración es frecuente, sobre todo, entre los 3 y 6 primeros meses de vida. Se produce por la presión mantenida sobre una parte de la cabeza, cuando el lactante permanece mucho tiempo en la misma postura. Pueden favorecerla el dormir siempre boca arriba sin cambiar la posición de la cabeza, usar demasiado las hamacas o la presencia de tortícolis.

¿Cómo detectarla?

La detección precoz es clave. Los signos más habituales son el aplanamiento de un lado de la cabeza, la asimetría facial leve o que el bebé prefiere girar la cabeza siempre hacia el mismo lado.

Ante estos síntomas, lo mejor es acudir al pediatra para que evalúe la situación y, si es necesario, derive el caso a rehabilitación, para abordar posibles problemas asociados, como la tortícolis.

¿Puede prevenirse?

La herramienta más eficaz contra esta patología y evitar la cabeza aplanada es la prevención. Y debe iniciarse desde el nacimiento. Basta con medidas sencillas:

  • Alternar el lado hacia el que el bebé gira la cabeza mientras duerme: siempre en decúbito supino para prevenir el síndrome de muerte súbita del lactante.
  • Fomentar el tiempo boca abajo cuando esté despierto y supervisado, ‘tummy time’.
  • Reducir el tiempo en dispositivos que mantengan la cabeza apoyada, como hamacas o sillas de coche.
  • Favorecer el contacto en brazos o el porteo.
  • Alternar el lado al alimentar al bebé, para estimular el movimiento cervical.

¿Qué no debes hacer?

Eso sí, ten en cuenta varias cosas que no debes hacer. Es fundamental que no coloques al bebé a dormir boca abajo. Ni utilices cojines ni dispositivos correctores sin indicación médica, pueden ser inseguros.

Tampoco conviene que adoptes una actitud expectante prolongada si la deformidad progresa. Porque, cuando la plagiocefalia ya está instaurada, el tratamiento inicial son medidas posturales y fisioterapia, sobre todo si existe tortícolis.

En los casos moderados o persistentes, puede valorarse, incluso, el uso de cascos craneales, más eficientes si se emplean entre los 4 y 12 meses de edad.

Esta patología requiere de un abordaje multidisciplinar, que implica a pediatría y especialistas en rehabilitación y fisioterapia infantil.

En definitiva, hablamos de una condición, en muchos casos, que puede prevenirse. Sobre todo con educación a las familias y un seguimiento adecuado desde Pediatría en las revisiones correspondientes. La clave está en la prevención activa en el entorno doméstico y en la intervención precoz cuando aparecen los primeros signos. Por eso, ante cualquier duda, consulta a tu pediatra.

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