Cómo reconocer una rotura de cruzado. Muy común en la mujer

Cómo reconocer una rotura de cruzado. Muy común en la mujer

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La lesión del ligamento cruzado anterior (LCA) es una de las lesiones más frecuentes en la rodilla, este ligamento es uno de los principales elementos estabilizadores de dicha articulación. Es muy común en las mujeres. ¿Cómo reconocer esta lesión?

Cómo reconocer una rotura de cruzado. Se trata de una de las lesiones más frecuentes en la rodilla. Este ligamento es uno de los principales elementos estabilizadores de dicha articulación. Es muy común en las mujeres y es muy importante cómo reconocer una rotura de cruzado.

Suele ser conversación frecuente y desgraciadamente recurrente entre amigos o en el trabajo hablar de una rotura de cruzado. Vamos a profundizar, aunque sea somerante, en la intrahistoria de este problema de salud que se podría considerar epidémico.

Comencemos por el principio:

QUÉ. Es el ligamento cruzado anterior (LCA). Se trata de un tejido conectivo, es decir un tejido de conexión dispuesto entre el fémur y la tibia de cada rodilla.

PARA QUÉ sirve. Como casi todo en el organismo tiene su función. No es otra que ayudar a estabilizar la rodilla evitando el desplazamiento anterior entre el fémur y la tibia. Redunda en una adecuada función de la rodilla lo que nos facilita una vida activa normal.

CÓMO. La mayor parte de las lesiones del Ligamento Cruzado Anterior se producen durante actividades relacionadas con el deporte. Es minoría causas las relacionadas con traumatismos de alta energía o durante las actividades de la vida diaria.

La mayor parte de las veces la lesión se produce sin contacto con terceras personas. Ocurren durante movimientos o cambios bruscos de dirección o de giro sobre la pierna apoyada. La mayoría de las veces no se precisa de ayuda para originar la lesión.

Cómo reconocer una rotura de cruzado

Dolor agudo y sensación de fallo es lo que notan los pacientes en el momento de sufrir la lesión. Es importante saber que hasta un tercio tiene sensación de chasquido audible. Luego viene el derrame producido por el sangrado que se produce dentro de la articulación. Quién lo padece se da cuenta que algo no va del todo bien.

Las mujeres son más susceptibles que los hombres a la hora de sufrir una lesión del ligamento cruzado anterior de la rodilla. Tienen de dos a cuatro veces más riesgo de sufrir dicha lesión.

¿Por qué ocurre más en mujeres?

Empezamos por los factores intrínsecos. Es decir propios de cada individuo y que de alguna manera predisponen a la lesión. Hacen referencia a características como las siguientes que se describen. Alineación de la pierna (piernas en X). Son características musculares en cuanto a la contracción y activación muscular durante el contacto con el suelo durante un salto. Aunque no hay claro consenso se pondera mucho el papel de las hormonas femeninas de manera que a lo largo del ciclo ovárico se podría modificar el riesgo de lesión con mayor preponderancia al principio y al final de la fase folicular ovárica. Cierto es que las distintas concentraciones hormonales modifican las propiedades elásticas del colágeno condicionando dicha modificación del riesgo.

Existen otro tipo de factores de riesgo, los extrínsecos o medioambientales que de alguna manera convierten al sujeto predisponente en sujeto susceptible, detalle  importante en el caso de las mujeres por su mayor predisposición.

Serían factores de riesgo medioambientales las condiciones meteorológicas, el tipo de superficie sobre el que se desarrolla la actividad deportiva, el tipo de calzado o el uso de elementos de protección.

Cada uno de estos factores daría para hablar largo y tendido, pero el resumen es que la combinación de todos ellos conducen a un mayor número de casos de rotura de ligamento entre las mujeres.

Importante es conocer estos parámetros para actuar sobre los mismos  buscando la prevención de la lesión.  Es de la máxima importancia incidir sobre aquello que se puede modificar buscando la salud de las jugadoras. Fundamental un programa de potenciación muscular, de afinamiento de la técnica en cada especialidad, ejercicios para responder mejor ante movimientos bruscos (equilibrio, coordinación) y una adecuada forma física para prevenir el cansancio.

¿Hay que operar?

La decisión depende del nivel de actividad de la persona. Pacientes “mayores” o con menor actividad física pueden optar por modificar sus actividades y seguir un tratamiento no quirúrgico, y si este fracasa o la sensación de inestabilidad persiste decantarse por la cirugía.

Como norma general en caso de deportistas se suele recomendar tratamiento quirúrgico para evitar la inestabilidad y las lesiones meniscales y del cartílago asociadas a la  misma.

En fin, cada caso es un mundo y habrá de orientarlo como tal.

En resumen. Se trata de un problema de salud que afecta preferentemente a personas jóvenes, con riesgo más elevado entre las mujeres deportistas y que en el corto plazo no va a ser posible erradicar. Por todo ello es fundamental actuar en prevención para al menos disminuir en la medida de lo posible el número de casos y así mejorar la salud de la población.

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