Los bebés y los mayores son quienes tienen más problemas para adaptarse al cambio de hora

Los bebés y los mayores son quienes tienen más problemas para adaptarse al cambio de hora

Vithas Valencia

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Silvia Ortiz, psicóloga del Hospital Vithas Aguas Vivas y el Centro Médico Vithas Alzira, ha explicado que el cambio horario puede suponer un “impacto físico y mental” mayor del que podríamos suponer a priori. La especialista aconseja, para la población más vulnerable, “intentar un proceso de adaptación gradual unos días antes para favorecer las rutinas”

España, como el resto de los países de la Unión Europea, tiene que cambiar cada año su horario, siguiendo la directiva europea del cambio de hora 2000/84/CE. Su principal objetivo es contribuir al ahorro energético y aprovechar mejor las horas de luz solar de los meses de invierno. Sin embargo, el cambio al horario de invierno, que este año se producirá en la madrugada del 28 al 29 de octubre, implica “una variación en nuestras dinámicas que tiene un mayor impacto físico y mental del que podríamos imaginar a priori”, tal y como ha explicado la psicóloga del Hospital Vithas Aguas Vivas y el Centro Médico Vithas Alzira, Silvia Ortiz.

La especialista ha recordado que “los ritmos circadianos son los encargados de gestionar esta situación”. Son, ha apuntado, “cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo de 24 horas”. Unos procesos naturales “que responden principalmente a la luz y la oscuridad, y afectan a la mayoría de los seres vivos, incluidos los animales, las plantas y los microbios”.

Un ejemplo de ritmo circadiano relacionado con la luz es “dormir en la noche y estar despierto durante el día. Esta especie de reloj biológico es una especie de dispositivo de tiempo natural propio de cada organismo según su especie”. Algo que pueden constatar “muy bien todos aquellos trabajadores de puestos rotativos a turnos de noche, donde ajustarse a dormir de día puede llegar a suponer todo un reto o viajeros desde países con diferente franja horaria y el yet lag asociado”. La alteración de estos ritmos “influyen en funciones como la producción de hormonas, la temperatura corporal, los hábitos alimentarios o la digestión”. 

Desde el punto de vista psicológico, algunas personas pueden sufrir “síntomas leves” como somnolencia, cansancio, falta de libido y de deseo, irascibilidad, sentimientos de apatía, y otras alteraciones en el estado de ánimo. “En personas con patologías previas o cuadros de tipo depresivo pueden sufrir, de forma temporal, una mayor sintomatología durante los primeros días de adaptación”, ha indicado Ortiz.

La psicóloga del Hospital Vithas Aguas Vivas y el Centro Médico Vithas Alzira ha resaltado, además, que los bebés lactantes y las personas mayores “presentan más dificultades en este proceso de adaptación al nuevo horario”. En los niños porque “su cerebro es inmaduro todavía y no actúa con la rapidez que lo hace un cerebro adulto” y el caso de la gente mayor, “por todo lo contrario, porque el cerebro con el tiempo pierde capacidades, aunque esto no quiere decir que no se adapte a los cambios de los ciclos sueño-vigilia, sino que necesitan más tiempo”.

La explicación a estos desequilibrios la encontramos “en la producción de melatonina, la hormona que se encarga de regular los ciclos de sueño. Nuestro cuerpo sigue funcionando en función del horario lumínico, en vez de hacerlo en función del horario establecido, por lo que sentimos más cansancio antes de lo normal”.

Una dificultad de esta adaptación puede derivar también “en una descompensación en los niveles de serotonina, neurotransmisor encargado de regular los estados de ánimo negativo y positivo; los ciclos circadianos ya descritos; el deseo y la agresividad. Precisamente para facilitar este tránsito el cambio horario se realiza en fin de semana”.

La parte positiva, explica la psicóloga, es que “en condiciones normales hablaríamos de síntomas transitorios, por lo que la gestión de estos no es especialmente complicada, aunque incomoda en algunos casos”. De esta manera, Silvia Ortiz recomienda, con la población más vulnerable, “intentar un proceso de adaptación gradual unos días antes, para favorecer las rutinas cuando estas pasen a ser una obligación que cumplir, para que afecten un poco menos en las dinámicas y rutinas diarias”.

“La gran suerte es que tenemos un cerebro muy adaptativo, por lo que en menos de una semana el nuevo ajuste se tendrá interiorizado de nuevo y el cuerpo en general recobrará su equilibrio”, concluye la especialista.

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