La menopausia no solo trae consigo cambios hormonales evidentes: también abre una etapa de mayor vulnerabilidad para los huesos.
La osteoporosis es una enfermedad ósea caracterizada por un aumento del riesgo de fractura, debido a una baja masa ósea y una alteración en la calidad del tejido óseo. Se produce un desequilibrio entre la formación de hueso y su pérdida, a favor de esta última, y uno de los principales desencadenantes es el déficit de estrógenos propio de la etapa menopáusica.
Las fracturas por fragilidad derivadas de esta pérdida de densidad ósea tienen un alto impacto en la vida diaria de las pacientes, pudiendo causar dolor intenso o, en los casos más graves, discapacidad.
¿A partir de cuándo hay que prestar atención?
La osteoporosis afecta principalmente a mujeres posmenopáusicas. En concreto, afecta a unos 3 millones de personas en España, con una prevalencia a los 50 años del 22,5% en mujeres, una cifra comparable a la de países de nuestro entorno como Francia, Alemania, Reino Unido o Italia[1].
La edad es, en sí misma, un factor de riesgo no modificable:
- A partir de los 50 años (o tras la aparición de la menopausia): se recomienda acudir al especialista para un cribado si existe algún factor de riesgo asociado.
- A partir de los 60-65 años: el cribado se recomienda independientemente de la existencia de otros factores de riesgo.
Una enfermedad silenciosa hasta que llega la fractura
La osteoporosis se conoce también como enfermedad silenciosa, pues hasta que se produce la fractura no presenta síntomas; las fracturas por fragilidad son la propia expresión clínica de la enfermedad.
Aun así, hay señales indirectas que pueden alertar de fracturas pasadas desapercibidas, como:
- Pérdida excesiva de talla
- Dolor óseo
- Hipercifosis (curvatura excesiva de la espalda)
Factores de riesgo tras la menopausia
Con la llegada de la menopausia, los factores de riesgo que pueden favorecer la aparición de fracturas por fragilidad son:
- Antecedente de fracturas por fragilidad
- Edad mayor de 65 años
- Antecedentes de fractura de cadera en familiares de primer grado
- Índice de masa corporal bajo (IMC ≤ 20 kg/m²)
- Elevado número de caídas
- Tabaquismo activo
- Alto consumo de alcohol
- Baja ingesta de calcio
- Menopausia precoz (antes de los 45 años)
- Inmovilización prolongada
- Ciertos fármacos (glucocorticoides, inhibidores de la aromatasa, antirretrovirales, antiepilépticos, entre otros)
- Enfermedades que reducen la densidad mineral ósea (artritis reumatoide, celiaquía, hiperparatiroidismo, hipertiroidismo, EPOC, mastocitosis, patología intestinal inflamatoria, síndromes malabsortivos, hepatopatía, etc.)
- Cirugías, como los trasplantes de órganos
¿Cuándo está indicada una densitometría?
La densitometría es la prueba que permite cuantificar la densidad mineral ósea, diagnosticar la osteoporosis, estimar el riesgo de fractura y hacer seguimiento de la evolución clínica. Se recomienda realizarla en los siguientes casos:
- Mujeres mayores de 65 años
- Déficit estrogénico junto con algún factor de riesgo para osteoporosis
- Tratamiento con fármacos que favorecen la aparición de osteoporosis (inhibidores de la aromatasa, antiandrógenos o glucocorticoides)
- Enfermedades asociadas a osteoporosis secundaria (hiperparatiroidismo, hipertiroidismo, celiaquía, artritis reumatoide)
[1] https://www.ser.es/en-espana-3-millones-de-personas-sufren-osteoporosis-que-va-en-aumento-y-puede-afectar-a-la-infancia/



