- Las más habituales son las fracturas de muñeca y antebrazo, especialmente después de una caída con la mano extendida. También son frecuentes las lesiones de codo, clavícula y tobillo
Cuidado con los niños: las lesiones traumatológicas suben en verano. El estío es una época en la que los niños pasan mucho más tiempo al aire libre y hacen actividades que durante el resto del año practican menos: bicicleta, patinete, surf, saltos en piscinas, juegos en parques… Hay más exposición a pequeños accidentes y, por tanto, se producen bastantes lesiones traumatológicas. Las más habituales son las fracturas de muñeca y antebrazo, especialmente después de una caída con la mano extendida. También son frecuentes las lesiones de codo, clavícula y tobillo.
Signos de alarma
Ante una caída, es importante prestar atención a posibles signos de alarma, como un dolor intenso o que no mejora. También una deformidad evidente, una inflamación importante o que el niño no pueda mover o apoyar la extremidad. En cualquiera de estos casos es importante acudir a Urgencias. Además, los niños tienen una característica especial: sus huesos están en crecimiento y se comportan de manera diferente a los de los adultos. Pueden producirse fracturas que a veces no son tan evidentes como pensamos. Por ello, ante la duda, es mejor valorar una lesión que parecía una simple caída y descubrir que no era nada, que pasar por alto una fractura. No toda lesión después de una caída es una fractura, pero tampoco debemos asumir que porque el niño pueda mover la extremidad no exista.
Mientras esperamos valoración, lo más importante es mantener al niño tranquilo, evitar que siga utilizando la extremidad y, si está inflamado, podemos aplicar frío local protegido por un paño durante periodos cortos. Nunca dar agua o comida antes del examen médico por si acaso la lesión fuera una fractura.
No obstante, la gran mayoría de las fracturas infantiles se pueden tratar de manera conservadora, es decir, sin cirugía. Los niños tienen una enorme capacidad de remodelación ósea. Dependiendo de la edad del niño, del hueso afectado y del tipo de fractura, podemos utilizar una férula, una inmovilización o un yeso. La cirugía se reserva para determinadas fracturas, por ejemplo cuando existe una deformidad importante que no podemos corregir mediante una reducción, cuando la fractura es inestable o cuando afecta a determinadas zonas especialmente delicadas.
Fórmulas de prevención
Por supuesto. No podemos evitar todas las caídas, porque forman parte del desarrollo de los niños, pero sí podemos reducir los accidentes graves. Casco siempre que utilicemos bicicleta, patinete o deportes similares. Supervisión especialmente en piscinas y actividades acuáticas. Evitar juegos peligrosos desde alturas y utilizar correctamente las protecciones cuando el deporte lo requiera. Y algo muy importante: el verano es para que los niños jueguen, corran y disfruten. No se trata de tenerles miedo a las caídas, sino de conseguir que las actividades sean lo más seguras posible. Afortunadamente, la mayoría de estas lesiones evolucionan muy bien en los niños.
Y estando en verano, lo ideal es optar por un yeso resistente al agua con el que puede ducharse con normalidad, ir a la playa o piscina cuando esté permitido, y además suele resultar más cómodo porque no tenemos el problema de mantener el yeso completamente seco.



