La podóloga del Hospital Vithas Sevilla, Beatriz Hernáez, presenta los consejos para que la romería no acabe antes por problemas con los pies.
El Camino del Rocío es una experiencia única, pero también un importante reto físico, especialmente para los pies. Las largas caminatas, el calor, la arena y el uso de un calzado inadecuado pueden provocar distintos problemas en esa parte del cuerpo durante el Camino del Rocío, desde ampollas y sobrecargas hasta inflamaciones o lesiones más serias. Conocer las patologías más frecuentes y cómo prevenirlas es clave para disfrutar de la romería sin contratiempos.
Para evitar que ese esfuerzo acabe generando problemas en los pies, el Servicio de Podología de Vithas Sevilla ha elaborado una guía para reconocer las principales patologías que pueden darse en el camino:
- Ampollas: la lesión más habitual durante la peregrinación, causada por el roce continuo del calzado y que puede infectarse fácilmente por el calor y el polvo.
- Fascitis plantar: inflamación de la fascia plantar provocada por caminar muchos kilómetros sobre arena o terrenos irregulares, con un dolor intenso al apoyar el talón y rigidez al levantarse.
- Tendinitis aquílea: dolor en la parte posterior del tobillo debido a sobrecarga, esfuerzos prolongados y calzado inadecuado.
- Hiperqueratosis: es el engrosamiento de la piel que aparece como respuesta a una fricción o presión repetida. Aunque al principio no suelen doler, si aumentan mucho de tamaño y grosor pueden causar molestias al caminar.
- Uñas negras y uñas encarnadas: provocadas por presión repetida, golpes o hinchazón del pie dentro del zapato, especialmente tras varios días de camino. Las uñas encarnadas son bastante frecuentes durante la peregrinación del Rocío, sobre todo después de varios días caminando. En el Rocío, una pequeña molestia en la uña puede convertirse rápido en un problema serio porque el pie sigue sometido a esfuerzo constante.
- Esguinces y torceduras: muy frecuentes al caminar por arena, barro o superficies irregulares, agravadas por el cansancio.
- Metatarsalgia: dolor en la parte delantera del pie, con sensación de quemazón y presión tras largas caminatas. Suele producirse cuando la planta de los pies soporta demasiado impacto durante muchas horas caminando. Además del dolor, puede sentirse inflamación, pinchazos al apoyar el pie.
- Hongos y problemas dermatológicos: favorecidos por la humedad, el sudor y el calor mantenido durante horas. Los hongos provocan picor, enrojecimiento, mal olor, descamación de la piel e incluso pequeñas grietas entre los dedos. En algunos casos también pueden afectar a las uñas, haciendo que se vuelvan más gruesas, amarillentas y frágiles.
- Edema e hinchazón de pies y tobillos: sensación de pesadez y inflamación producida por el esfuerzo, el calor y la dificultad del retorno venoso. Los pacientes suelen referir: “no me entran las botas”, “tengo los pies como globos” o “siento los pies pesados”.
Decálogo para cuidar los pies en Peregrinación a la Aldea del Rocío
- Revisa tus pies antes de empezar el camino para detectar posibles problemas.
- No estrenes calzado el día de la salida; debe estar ya adaptado al pie.
- Usa calzado cerrado, cómodo y que sujete bien el pie para evitar lesiones.
- Utiliza calcetines de algodón o materiales transpirables para evitar rozaduras y sudor.
- Mantén una buena higiene de los pies, lavándolos y secándolos bien, sobre todo entre los dedos.
- Cambia de calcetines si se mojan o sudan en exceso.
- En las paradas, descansa los pies y, si puedes, elévalos para mejorar la circulación.
- No ignores pequeñas molestias: ampollas o rozaduras deben tratarse cuanto antes.
- Hidrata la piel de los pies, evitando siempre la zona entre los dedos.
- Si aparece dolor o lesión importante, acude a tu podólogo habitual.



